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Las instalaciones del pantano de la
Cueva Foradada
están gestionadas por la Confederación
Hidrográfica del Ebro,
y se puede acceder a ellas en horario
laboral, aunque en época de verano
se abre hasta las ocho de la tarde.
La construcción del pantano se inició en 1.903, y entró en servicio el año
1.926. El
paseo que acerca hasta la base de la presa nos da la bienvenida, y nos permite pasear entre las casas y talleres de la instalación, disfrutando del frescor que regalan las alborotadas aguas del 'renacido'
río Martín. Por este camino llegaremos a una bonita
fuente, de la que surge un deleitoso
y tímido chorro de agua que no puede competir con la muy próxima boca de 'desagüe' de la presa. A nuestra derecha, el tobogán del
'aliviadero' resulta espectacular cuando el agua sobrante se despeña por sus escalonadas y onduladas formas. Frente a nosotros tenemos la impresionante presa, y su ascensión no es poca cosa.
La presa construida tiene 65 metros de alzada sobre el embalse, y 45 de altura (¡272 escalones!) sobre el cauce del río. La longitud de la 'terraza' superior es de 113 metros, y una vez llegados a ella se disfruta de preciosas vistas del embalse: en los cantiles que le rodean veremos numerosas
buitreras, alimoches si es época de cría, con suerte alguna águila, y numerosas aves acuáticas rondando por las aguas remansadas.
En verano es habitual encontrar aficionados a la pesca
deportiva, animados por los
barbos, carpas, y truchas arco-iris (o 'americanas') que pueblan las aguas del embalse. Un lugar ideal para recrearse, y saborear esos momentos de tranquilidad y armonía con la
Naturaleza.
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