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<< MENÚ DE HISTORIA >> |
| SIGLOS I - IX >> Del 'olium' romano al 'al-zait' árabe |
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Pacificada toda Hispania el año 19 d.C., salvo en el período de guerra civil que siguió a la muerte de Nerón (69 d.C.), los territorios aragoneses vivieron una época de paz y prosperidad, sobre todo durante el gobierno de la dinastía Antonina (96-192 d.C.), y sus habitantes se integraron completamente en las formas de vida romanas. A partir del siglo I, los repartos de tierra promovidos por Cesar favorecen el renacer agrícola del valle del Ebro. En realidad, toda Hispania se convierte en la mejor colonia del Imperio, excelente proveedora de agricultura, ganadería, minería... De la civilización romana encontramos en Aragón monumentos y diversos restos, en Bílbilis y Celsa, en el subsuelo de Turiaso y Osca, en Los Bañales (Uncastillo), Chiprana, Fabara, Labitolosa... Se han localizado numerosas villas que en aquella época tenían una zona de explotación agrícola-ganadera y una parte de vivienda con una zona para residencia dentro de ella, a veces con suntuosos elementos (pavimentos de mosaicos, patio porticado, etc). El valle del Ebro, las Cinco Villas y las tierras del Cinca es donde mayor número de villas se han localizado. |
| Entre
los siglos III y V, se instalan en la península los primeros pueblos
visigodos que cruzan
los Pirineos huyendo de las luchas con los francos, y durante varios
siglos conviven en la Hispania romana. En
el siglo V, con el imperio romano en retirada y decadencia, el potente
reino visigodo, con base en la ciudad de Toulouse, avanza sobre Hispania
y conquista Merida, Córdoba y Sevilla.
El pueblo visigodo se
convierte en el hegemónico de la península,
y mantiene el reparto provincial de los romanos, aunque haciendo
depender el poder de una Corte, primero instalada en Toulouse y más
tarde en Toledo. Durante el siglo VI el ejercito es la piedra angular del poder de los visigodos en Hispania. Junto a visigodos e hispano-romanos, la población de la península se nutre de un importante número de extranjeros: bretones expulsados de su tierra e instalados en el noroeste, orientales emigrados por conflictos religiosos o en busca de intercambios comerciales, pero sobre todo judíos, cuya cuantía y raigambre pronto les harán un hueco en la historia de España. Florecen las juderías de Toledo, Mérida, Tarragona, Tortosa, o Zaragoza. La presencia visigoda en Teruel dejó pocas huellas, y son escasos los datos y noticias disponibles para su estudio. En Alcañiz aparecieron diversos broches de cinturón y anillos con anagramas hispano-visigodos, datados en el siglo VII, que demostrarían su presencia en estas tierras. |
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El fin del imperio visigodo de Toledo comienza a la muerte del
rey Witiza, con las luchas entre los partidarios de continuar su linaje, y la nobleza partidaria de traspasar el poder a
Don Rodrigo, duque de la Bética.
El clan de Witiza pide ayuda en el extranjero, y a su reclamo acuden 7.000 hombres, la mayoría bereberes al mando de Tariq, gobernador de
Tánger, que atraviesan el estrecho y se congregan al pie del peñón, bautizado Gibraltar en su memoria. Tras derrotar a Rodrigo en Guadalete (711), las tropas musulmanas progresan hacia el norte hasta conquistar Toledo, aniquilando a su paso la anticuada maquinaria de guerra de los visigodos. |
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En la primavera del 714 llegaron al valle del Ebro sin encontrar oposición (tal vez la zona de Huesca presentara resistencia durante algún tiempo). Los restos de la nobleza visigoda se replegaron a los Pirineos y comenzaron a reorganizarse, por lo que
los musulmanes crearon delimitaciones fronterizas llamadas 'marcas'. Los
territorios del actual Aragón formaban parte, junto con las zonas de Lérida, Tarragona, Tortosa, Tudela y Calahorra, de la Marca Superior de Al-Andalus. Las ciudades de Tarazona, Huesca y Zaragoza, antiguas sedes episcopales visigodas, fueron las primeras en las que se asentaron los nuevos pobladores. En la zona central del valle del Ebro y el sur de la región se produjo un rápido proceso de islamización. La mayor parte de la población la constituían los propios indígenas ahora convertidos al Islam, denominados 'muladíes'. Los nuevos pobladores procedían principalmente del Yemen y del norte de África (bereberes). En Andalucía, Levante, y el valle del Ebro, las zonas de mayor riqueza y mejor comunicadas, la civilización árabe deja un importante legado cultural, arquitectónico, científico... En el campo aragonés el desarrollo de la agricultura fue notable. El olivo y la producción de aceite ('al-zait'), las verduras, hortalizas y los frutales alcanzaron un enorme desarrollo. Se amplió el regadío y se desarrolló la cultura del agua y su aprovechamiento, se cultivó la vid, se introdujeron especias como el azafrán y plantas con diversos usos: tintóreas, medicinales, textiles. También revitalizaron el mundo urbano preexistente (Zaragoza, Huesca, Tarazona) y crearon una serie de nuevas ciudades en puntos estratégicos (Calatayud, Daroca, Barbastro, Fraga, Alcañiz...). |
| Es de suponer que IDULGOITE IOLOGUM (Olivetum) quedó reducido a un pequeño núcleo tras las guerras sertorianas, así que cuando los árabes llegaron a las tierras de OLIETE para establecerse, no lo hicieron donde estaban las ruinas del antiguo poblado, sino en el lugar que ocupa en la actualidad. Se dedicaron al cultivo de la tierra aprovechando las aguas del río Martín, siendo probablemente la acequia que atraviesa el pueblo la primera que abrieron. También en este tiempo se levantó la primera muralla que rodeó el pueblo, de la que aún hoy se conservan algunos restos. Durante el dominio musulmán OLIETE fue zona de importante densidad de población, en la que existió una mezquita situada en la actual plaza de San Bartolomé, convertida en ermita tras múltiples restauraciones sin dejar vestigio de su pasado árabe. FOTO >> |
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Un aspecto destacado de la etapa árabe fue el mundo cultural y científico que se desarrolló en las medinas musulmanas, sobre todo en Zaragoza, que se convirtió en la capital cultural por excelencia del valle del Ebro. El palacio de la Aljafería se convirtió en la sede principal de la cultura islámica en la Marca Superior. Poetas y literatos, filólogos y traductores, astrónomos o matemáticos, filósofos y teólogos, geógrafos, médicos y botánicos, bien musulmanes, bien judíos, se acogieron a la corte 'taifal' creada por sus soberanos, algunos de los cuales destacaron ellos mismos en el mundo científico. Tres figuras se destacan en el ambiente cultural de Zaragoza. El judío Salomón Ibn Gabirol, 'Avicebrón', gramático, poeta, y más tarde filósofo, considerado el mejor poeta judío de la Edad Media. Bahya ibn Paquda, considerado uno de los moralistas más populares del judaísmo. Y entre los musulmanes Abu Bakr, 'Avempace', el primero en Al-Andalus que comentó la obra del filósofo griego Aristóteles, y también destacado en la poesía, la música, la medicina y el estudio de la flora. La huella árabe también ha quedado muy patente en la toponimia aragonesa, muchos de los nombres de los pueblos son legado de su cultura. Calaceite: 'castillo de Zaid'. Calatayud: 'castillo de Ayub. Muniesa: 'la finca de Aisa'. Alloza: 'el almendro'. Alhama: 'los baños'. Alquézar: 'la fortaleza'. Alfambra: 'la roja', etc... |
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