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| SIGLOS V a.C. - I a.C. >> De Ildulgoite a Olivetum |
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A principios del primer milenio a.C., la Península Ibérica da sus primeros pasos en la Historia con la ayuda de las tribus que llegan desde el
sur de Francia, Suiza, las riberas del Rhin y el norte de
Italia, para poblar las zonas de
Catalunya, Alto Aragón, valle del Ebro y
Navarra. Estas regiones hasta entonces vírgenes conocerán ahora las faenas del laboreo, y las fértiles tierras del Ebro y del Segre desplegarán una rica agricultura basada en los cereales, la viña y el olivo. El caminar histórico de las tribus del valle del Ebro y la costa Levantina, que se abrirán al influjo de las más evolucionadas tribus griegas llegadas al Empordà catalán, estimulará a partir del siglo V a.C. una unión de rasgos culturales, cuyos principales centros fueron Ilerda (Lérida), Osca (Huesca), Burtina (Almudévar), Celse (Velilla de Ebro) y Salduie, la actual Zaragoza, que era el límite occidental con las tribus celtas y vasconas. |
| En
Catalunya la orografía facilitó el despliegue de tribus: carretanos,
andosinos
y arenosios
en los valles pirenaicos, indicetes
en la costa septentrional, laietanos
alrededor de la actual Barcelona, cosetanos
en el norte de Tarragona. En el litoral levantino las tribus también se adaptaron a las peculiaridades del terreno, con los edetanos-contestanos en las llanuras valencianas, los deitanos y mastienos en las vegas murcianas, y los bastetanos en las vertientes de Sierra Morena. Un sentido más unitario caracterizó al valle del Ebro, donde ilergetes y sedetanos saben hacer valer la riqueza de sus tierras para dominar en la región y erigirse en intermediarios de la costa y los pueblos celtíberos del occidente 'aragonés'. De esta época datan los primeros centros urbanos a los que podemos llamar 'ciudades', situadas cerca de algún río y en lugares de fácil defensa, dónde habitan entre cien y quinientas personas. Es el caso de los yacimientos sedetanos encontrados en San Antonio de Calaceite o Azaila. |
| También
es el caso del poblado
de El Palomar.
Este yacimiento (situado a un kilómetro del actual OLIETE,
y probablemente conocido en aquella época como ILDULGOITE)
y el cercano 'Cabezo'
defensivo de San Pedro,
son un
conjunto excepcional e ilustrativo de la cultura íbera en esta región
durante el periodo comprendido entre los siglos III y I a.C.
Se encuentra sobre los restos de una de las terrazas de las márgenes
del río Martín, a unos sesenta metros sobre el nivel de aguas del río.
La manzana central del poblado (única excavada hasta el momento) está
ocupada por un conjunto de estancias
correspondientes posiblemente a 11 casas y 4 almacenes.
También se distinguen zonas de distinto uso: viviendas,
espacios públicos, comerciales... Las
excavaciones del yacimiento han aportado valiosas piezas de cerámica,
numismática, restos funerarios, así como
importantes datos para conocer la etapa íbera de la zona: lenguaje,
indumentaria, herramientas... Las características del entorno del poblado (un valle fértil para la agricultura, un monte idóneo para el pastoreo, varias depresiones que comunican el valle con el interior y definen una red de caminos naturales), permiten pensar que el asentamiento de ILDULGOITE tuvo una doble función: por un lado punto estratégico de defensa en la ruta hacia el interior, con el Cabezo de San Pedro como 'fuerte defensivo'; por otro lado centro de explotación de las zonas productivas del territorio, y centro de intercambio comercial, muy activo en la región. |
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Mientras esto sucede en el valle del Ebro y noreste de la península, por el sur de esta llegarán las primeras tribus fenicias, que encontrarán en la zona de Andalucía el lugar ideal para abastecerse de materias primas: cobre, estaño, oro, y sobre todo plata. La civilización fenicia expandió su desarrollo en la zona sur a partir de Gadir (Cádiz), la mayor metrópoli comercial erigida por los fenicios en el Mediterráneo occidental, y cuna de la aún enigmática cultura Tartessa. Mientras en el noreste y en la meseta peninsular los pobladores conservaban sus rasgos específicos, dominados por el sustrato céltico, en las zonas del Catalunya, Ebro, Levante y Andalucía se formará un entramado de creaciones y mentalidades compartidas que se conocerá como 'cultura ibérica'. El proceso de iberización fue interrumpido por la llegada de la civilización cartaginesa al sur de la península, en el intento de expandir su ya amplio imperio con centro en la norteafricana ciudad de Cartago (en el actual Túnez). En el 237 a.C. Amilcar desembarca en Gadir dispuesto a iniciar la campaña de conquista de 'Iberia'; en pocos años la baja Andalucía y el Levante son suyos, y conseguido el dominio de los espacios más ricos, organizan las áreas conquistadas como una auténtica colonia de explotación, con capital en Cartagena. Roma, el otro gran imperio del momento, no verá con buenos ojos la expansión del dominio cartaginés. A fin de aclarar la situación, el año 226 a.C. ambos imperios firman el Tratado del Ebro, que conforma las orillas del río como fronteras no traspasables. Pero esta política de 'guerra fría' no duraría mucho, Roma declara la guerra a Cartago, y dos legiones al mando de Cneo Escipión alcanzan Empuries. Sin embargo, las tribus del interior catalán y el valle del Ebro (lacetanos, ausetanos e ilergetes aliados a Cartago) frenarían este primer impulso a la altura de Tarragona el año 217 a.C. |
| Ante
la llegada de Roma los pobladores indígenas mantuvieron distintas
actitudes, algunos, como vascones
o sedetanos
no ofrecieron resistencia; otros, como ilergetes,
suesetanos
o celtíberos
presentaron fuerte oposición. En 195 a.C. el cónsul Catón fue enviado
con 30.000 hombres para reprimir la revuelta de la Hispania Citerior;
los ilergetes y los jacetanos fueron sometidos, y pocos años más tarde
también los suesetanos. Roma comenzó el avance hacia el oeste enfrentándose
a los celtíberos. La
guerra con estos se prolongará hasta el año 133 a.C., fecha de la toma
de Numancia, último
enclave de la resistencia celtibérica. A lo largo de tres siglos, la
península fue un gran campo de batalla de resistencia al invasor
romano. Integrada ya en el mundo romano, la región de Aragón participó activamente en los conflictos internos de este. Las 'guerras sertorianas' fueron el primero de ellos. Algunas ciudades del Valle del Ebro, como Ilerda (Lérida), Calagurris (Calahorra) u Osca (Huesca), apoyaron el levantamiento contra Roma de este general, antiguo gobernador de la provincia. Su asesinato a manos de Perperna en Osca puso fin al conflicto y las poblaciones se sometieron a las decisiones del gobernador romano (inscripción de la Tabula Contrebiensis, hallada en Botorrita, Zaragoza), participaron como tropas auxiliares en el ejército romano y, con el paso del tiempo, dieron a sus hijos nombres romanos (Bronce de Áscoli). |
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Es probable que la población de ILDULGOITE sufriera importantes trasformaciones durante el proceso de romanización: nuevas formas políticas, económicas, sociales y culturales llegaban con fuerza, como muestran los hallazgos de cerámica campaniense, la utilización del latín, la concesión de ciudadanías... El contacto con el mundo romano estimula en la zona la plantación de la vid y el olivo, por ello algunos autores buscan en una derivación del latín el nombre de OLIETE: olivetum-olivar-oliete. Pero fue durante las 'guerras sertorianas', en el primer tercio del siglo I a.C., cuando posiblemente fue destruido el poblado de ILDULGOITE, como el resto de los poblados de la zona, tras el probable asalto o asedio de un ejercito bien preparado para salvar las fuertes defensas. |
César asentó veteranos de sus legiones y grupos de plebe romana en las provincias, creó municipios y concedió la ciudadanía romana a la población indígena. En el 44 a.C. fundó en la zona la Colonia Victrix Iulia Lepida, en la ciudad de los ilergetes llamada Celse (Velilla de Ebro). Augusto continuó esta política y convirtió en municipios varias comunidades indígenas: Urbs Victrix Osca (Huesca), Augusta Bilbilis (Calatayud) y Turiaso (Tarazona). Además fundó Caesaraugusta (Zaragoza), sobre la Salduie ibérica y la hizo capital de un amplio distrito administrativo (convento jurídico). |
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